Polinesia






INTRODUCCION
Sin duda alguna, si alguien nos habla de Polinesia, en nuestra mente se asocian unidas varias ideas, que no tenemos muy claro en que orden colocar: lugar paradisíaco, lujo, exotismo….
Y todos esos adjetivos son una realidad de este lugar. Un viaje a Polinesia puede llevar asociados todos esos conceptos y podemos planificar el viaje para adentrarnos en una cultura milenaria, profundamente arraigada a sus tradiciones, que se desarrolla en un entorno natural apropiado para dioses.
A través de la lectura de estas páginas, preparadas con la ayuda de la Oficina de Turismo, os invitamos a un primer viaje a este lugar increíble, remoto y soñado.
HISTORIA
La teoría sitúa en el sudeste asiático el origen de las grandes migraciones que arrastraron, hacia el año 1.500 a.C., a la población de la región de Taiwán a las islas que forman actualmente el “triángulo polinesio”. Utilizando piraguas dobles de madera y fibras trenzadas, estos primeros navegantes intrépidos se servían para guiarse del “camino de las estrellas” y de sus conocimientos sobre el viento y las corrientes, llegando a colonizar los archipiélagos del centro entre 500 a.C. y el 500 d.C.
Alrededor del 1500 a.C. el pueblo austronesio, antepasados originales de Polinesia, se dirigió al este desde el archipiélago malayo, y posiblemente llegó a las actuales Fiyi, Samoa y Tonga, donde el descubrimiento muy posterior de la cerámica lapita ha permitido datar los primeros asentamientos polinesios hacia el 1300 a. C.
Entre los años 300 a 1000 d. C. la sociedad polinesia, aún en desarrollo, se trasladó desde las actuales Islas Cook, Tahiti y los archipiélagos de Tuamotu y de las Marquesas hacia el este, hasta asentarse en la actual Isla de Pascua (Rapa Nui), las islas hawaianas (entorno al 500 d.C.) y Nueva Zelanda (Aotearoa) en torno al año 1000 de nuestra era.
En 1520 el explorador portugués Fernando de Magallanes fue el primer europeo en adentrarse en el océano al que denominó Pacífico. En 1767 el navegante británico Capitán Samuel Wallis fue el primer europeo en descubrir la isla de Tahití. En 1768 el almirante francés Louis Antoine de Boungainville dio a conocer Tahití en Francia, y la bautizó como la “Nouvelle Cithère”. En 1769 el Teniente británico James Cook visitó Tahití por primera vez durante una expedición científica para observar el tránsito del planeta Venus delante del sol, y volvió en calidad de Capitán en 1773, 1774 y 1777. En 1788 el primer monarca de Tahití, el Rey Pomare I, unificó a varias tribus bajo un solo reino. Abdicó en 1791, si bien permaneció como regente de Tahití hasta 1803. En 1797 el buque Duff, de la Sociedad Misionera de Londres, arribó a la bahía de Matavai, iniciando así un nuevo capítulo en la historia de Tahití. En 1879, tras el bautismo del Rey Pomare II, primer indígena convertido por los misioneros, el monarca prohibió la adoración de los antiguos dioses polinesios, los tatuajes y las danzas y cantos tradicionales. En 1842, el Contraalmirante francés Abel Du Petit-Thouars estableció un protectorado francés para la isla de Tahiti y para el archipiélago de las Marquesas.
En marzo de 1844 estalló una guerra entre Francia y Tahití, que duró casi tres años, hasta la declaración de paz del 17 de diciembre de 1846. En 1880, el Rey Pomare V, hijo de la Reina Pomare, firmó un acta de anexión el 29 de junio, cediendo Tahití y sus dependencias a Francia, que pasaron a ser colonia francesa. En 1885 las danzas y cantos tradicionales fueron permitidos de nuevo para el primer Tiurai, o Festival de Julio, hoy conocido como el Heiva i Tahití o Festival de Taití. En 1903 se crean “Les Etablissement Français d’ Océanie” (EFO) o Territorios Franceses de Oceanía. El fosfato descubierto en la isla Makatea del archipiélago Tuamotu en 1906 se convirtió en la principal exportación de Tahiti, con la apertura de operaciones mineras que continuaron hasta 1966. Tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, tahitianos lucharon al lado de los franceses y en 1946 “Les Establissements Français d’ Océanie” (EFO) pasaron a ser “Territorie d’ Outre Mer” (TOM) o Territorio de Ultramar. En él se agrupaban todas las islas de la actual Polinesia Francesa y todos sus habitantes recibieron la nacionalidad francesa. La primera autonomía administrativa de la Polinesia fue aprobada por el parlamento francés en 1977, y el 27 de febrero de 2004, la ley orgánica aprobada por el Parlamento francés modificó la designación oficial de la Polinesia francesa, que pasó de ser un Territorio Francés de Ultramar, cuya autonomía queda amparada por la Constitución Francesa.
POBLACIÓN
La sociedad polinesia ha sido siempre una sociedad muy jerarquizada, con castas especializadas y tabúes draconianos, que estaba regida por jefes, responsables de la supervivencia de todos, y que sabían cómo esquivar los males con danzas, cantos, percusiones y libaciones sin fin; sabían también celebrar el privilegio de vivir en una tierra de increíble abundancia.
“la oran ana”, “Maeva” y “Manava” son las tres expresiones de saludo y de bienvenida que los polinesios regalan gustosos a sus visitantes. Los polinesios son gente muy hospitalaria con los viajeros, a los que recibe con mágicos sonidos de ukeleles y collares de flores de tiare. La gardenia Tiare es el emblema de Tahití y sus islas, y se ofrece muy a menudo como signo de bienvenida. Para devolver el detalle sólo hace falta utilizar una palabra: “Mauruuruu!” (gracias).
La riqueza del patrimonio cultural polinesio constituye por sí sola una buena razón para emprender un viaje a Tahití y sus islas. Las raíces de esta cultura, tan diferente a lo que conocemos, se sumergen en las fuentes de lo sagrado. En tiempos remotos, la creación artística, la música, los espectáculos y las danzas eran transmitidos por tradición oral. Actualmente se expresan con más fuerza y con una nueva inspiración vinculada a la gran fuerza del pueblo polinesio y a su irresistible amor por la vida.
Situados a unos 17.700 kilómetros de España, Tahití y sus islas (118 en total), se extienden sobre una superficie marítima de 4.000.000 de km2, superficie que equivale a la de Europa.
Están repartidas en 5 archipiélagos: Islas de la Sociedad, Tuamotu, Marquesas, Australes y Gambier. Ninguna de estas islas se parece entre sí. Todas tienen caracteres muy marcados y la madre naturaleza les ha dotado de singularidades que las hacen únicas.
Los archipiélagos cuentan con 35 islas llamadas “altas” por su relieve montañoso y su interior verde (las Islas de la Sociedad, las Islas Marquesas, las Australes y Gambier), y 83 islas bajas, anillos de coral de tonos blancos y rosados formando atolones (principalmente en las Tuamotu). Este esplendor natural de contrastes se debe a su fabulosa historia geológica.
En el conjunto de las islas están registradas un centenar de especies de aves terrestres y marinas. Los fondos marinos son considerados por los científicos como “el acuario más rico del planeta” y cuentan con más de un millar de especies de peces, moluscos y otros crustáceos. Más allá del arrecife, no es extraño encontrarse con tiburones, delfines, peces espada, atunes, tortugas y ballenas en un espectáculo grandioso y único. La lujuriosa vegetación de exóticos perfumes siempre ha llamado mucho la atención a los visitantes. Tahití y sus islas exhibe los más bellos especímenes tropicales: cocoteros (niau), tiares (flor nacional), vainilla, árbol de hierro (aito) y árbol del pan (uru). Con una abundancia de frutas inigualable, la cocina polinesia ofrece numerosos platos dulce-salados y una gran variedad de cócteles tahitianos deliciosos a base de coco, piña, plátanao y mango. El cóctel más conocido es el maitaï, que contiene ron blanco, ron pálido, zumo de piñas frescas y un tapón de Cointreau.